Este jueves se cumplen cien días desde la llegada oficial de Alan Pace a la presidencia del Espanyol. El pasado 25 de noviembre de 2025, la Junta General de Accionistas aupaba al estadounidense a la dirección de la entidad blanquiazul. «Comienza una etapa que nos llena de ilusión y en la que vamos a trabajar muy duro para que el club siga creciendo. Ser el presidente de una institución con más de 125 años de historia como el Espanyol es un honor enorme para mí. Siento el peso de la historia, pero también la ambición por el futuro que vamos a construir juntos. Conocemos el potencial de este club, la fuerza de nuestra afición y las oportunidades que nos brinda una ciudad como Barcelona«, declaraba en su puesta de largo.
Sin embargo, la mala racha que atraviesa el equipo de Manolo González ensombrece este primer tramo de mandato. Hasta la fecha, la actividad del nuevo presidente ha sido más bien discreta. La nueva propiedad se ha limitado a dar continuidad a la línea trazada por Rastar Group, manteniendo a Mao Ye como CEO, mientras que el mercado de invierno resultó sinceramente decepcionante. Se podría decir, sin temor a equivocarse, que pocas cosas han cambiado realmente en el entorno perico con el aterrizaje de Pace.
La gran esperanza y el verdadero punto de inflexión se sitúan en el próximo verano. Será entonces cuando el presidente disponga de una visión más profunda de la realidad del club y deba comenzar a tomar decisiones que impulsen el crecimiento de la entidad. Cien días es poco tiempo, hay que ser justos, pero es innegable que las sensaciones no son tan optimistas como se esperaba. Pace acaba de aterrizar y merece un margen de confianza, pero la exigencia del Espanyol no suele conceder demasiadas treguas.
