La relación del Espanyol con el arbitraje es una de las más tóxicas de la actualidad, un auténtico infierno para una afición blanquiazul que vio cómo, tras el desaguisado de Ricardo de Burgos Bengoetxea en Son Moix, apareció Isidro Díaz de Mera para poner patas arriba el ambiente en el RCDE Stadium, hasta el punto de recibir insultos corales de la grada perica. Una actuación arbitral que, a la postre y junto a un efectivo Getafe con los tantos de Domingos Duarte y Mauro Arambarri en el primer acto, desbarató la diana de reacción de Roberto Fernández y desarticuló la fortaleza mental con la que el equipo perico entró al partido. Demasiados golpes para un cuadro blanquiazul en caída libre.
Manolo González volvió a optar por la receta del último duelo en casa ante el Real Oviedo en busca de ser más agresivo en ataque. Alineó a Cyril Ngonge y Tyrhys Dolan en las bandas. Por dentro, Edu Expósito y Ramon Terrats se encargaron de llevar la manija ante la ausencia de un Pol Lozano que fue suplente por segundo partido seguido. En el otro bando, José Bordalás introdujo a Diego Rico por el sancionado Abqar, cambiando a una línea de cuatro defensas con Djené como pivote.
El conjunto perico entró al choque sabedor de su importancia, no rehuyó la pelota y cargó el área con centros laterales. A los tres minutos de encuentro, un remate que tocó ligeramente de forma involuntaria en el codo de Diego Rico provocó el primer encuentro entre el Espanyol y el VAR. El primer palo de la tarde. González Fuertes avisó a su colega desde la sala VOR para que revisase la acción, pero el colegiado castellano no vio punible la mano. Lo que sí validó Díaz de Mera fueron dos goles blanquiazules a posteriori, pero fue de nuevo el VAR quien los denegó por fuera de juego. Otros dos golpes. En primera instancia, Cyril Ngonge recogió un centro lateral de su homónimo por la banda izquierda, el inglés Tyrhys Dolan, con una rodilla y la punta del pie en posición antirreglamentaria, mandando el cuero a las mallas. No valió, al igual que el segundo tanto a la media hora de juego, obra de Ramon Terrats, que embocó el esférico tras una asistencia con la testa de un Kike García adelantado a su marca.
Entre los goles, los «estamos hasta los huevos» de la afición perica y el enfado tremendo de Manolo González en la banda, el Getafe CF no sufrió. El equipo perico tuvo el balón, pero sin encontrar la vía para penetrar en el hermético bloque que planteó, como siempre, José Bordalás.
Y el castigo para el Espanyol se agravó en los nueve minutos de añadido con una acción que dejó helado a Cornellà-El Prat. También a la defensa y a un Marko Dmitrovic que encajó dos goles en apenas dos minutos. Ambos con una facilidad preocupante a balón parado. Luis Milla botó una falta lateral y Domingos Duarte remató cómodo al fondo de las mallas. El equipo perico no encajó el golpe y recibió otro (el segundo en el tiempo añadido) con la misma fórmula, esta vez desde el córner. Con los mismos protagonistas que en el tanto inicial, pero en esta ocasión Mauro Arambarri recogió en el suelo el remate del defensa portugués para asestar un varapalo muy duro a los blanquiazules. De un primer tiempo eléctrico, con dianas anuladas, a marcharse al vestuario con una renta de dos goles abajo. Demasiado castigo.
En la reanudación, el técnico gallego tiró de banquillo buscando la reacción y dio en el clavo con la entrada de Roberto Fernández por Ngonge. No quería más golpes. No obstante, la formación madrileña rondó la meta local con saques de esquina cargados de veneno, en especial un testarazo de Arambarri al primer palo que tuvo que desviar el meta serbio. Con la entrada de Rubén Sánchez y Pere Milla, el Espanyol se espoleó y buscó acortar distancias. Los cambios funcionaron: el defensor formado en La21 se marchó por velocidad y envió un «caramelo» para que Roberto Fernández se reencontrase con el gol tras un error de David Soria.
El RCDE Stadium se lo creyó y empujó a su equipo, que siguió insistiendo con centros laterales. La cabeza de Roberto Fernández y la de Pere Milla buscaron el empate, con especial peligro en una acción del leridense que obligó a la estirada forzada de Soria. También pudo sentenciar Juan Iglesias al aprovechar un agujero en la derecha y plantarse solo ante Dmitrovic, quien esta vez repelió el cuero con la pierna.
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El ímpetu espanyolista fue a menos y el colegiado volvió a darle picante a la cita con otra revisión de VAR por un posible penalti sobre Jofre Carreras. Por si fuera poco. Ya en el añadido, Kike García tuvo el empate, pero su cabezazo encontró la espectacular mano de un David Soria que evitó las tablas en el último instante.
La desgracia perica, influenciada otra vez por las decisiones arbitrales (acertadas o no), continuó pese a una versión más que potable a nivel de juego, pero que volvió a condenar dos acciones muy mal defendidas a balón parado. El Espanyol sigue sin ganar en 2026 y se va al parón después de tres meses sin conocer el triunfo. Doce partidos y cuatro empates, o lo que es lo mismo: cuatro puntos de 36 posibles. Caída libre.

VERGÜENZA de plantilla y entrenador.
VERGÜENZA de fútbol «moderno»
VERGÜENZA de federación y liga.
Salud y Espanyol
VAMOSSSSS