En estos momentos en que la nave perica va cayendo y cayendo y ya no sabes si aguantará el escudo térmico, lo único que reconforta un poco es este escarnio desinhibido. Esta pasión antiperica siempre disimulada, negada no hace mucho por todo el geocentrismo azulgrana y que ahora incluso algunos de los profesionales del Barça exhiben, cantan y tuitean.
Es una fiesta que hay que celebrar desde la cara oculta o, si queréis, la eclipsada. Debería servir para encender motores y salir de esta órbita errática. Porque el agujero negro va aspirando, y ya son solo seis puntos de distancia. Y eso hace la gravedad insoportable: en el Camp Nou, Dmitrovic parecía moverse con plataformas y el equipo vagó sin encontrar el espacio ni el tiempo durante demasiado rato, al principio y al final: atmósferas letales. Todo una invitación para un Lamine espléndido, un Yamal que no quiso rotar, un marciano privilegiado ante un Espanyol demasiado terrenal. Todavía más acertado estuvo Lamine después, vía Instagram: «Toca tragar, como siempre«. Y, efectivamente, en los centros de control habituales se han tragado las palabras y se han puesto la escafandra. «Toca tragar, según cómo«. Buen viaje a todo el mundo.





