El nuevo carrilero zurdo del Espanyol, Quilindschy Hartman, ha repasado sus primeras sensaciones como blanquiazul en una entrevista concedida al diario SPORT. A sus 24 años, el internacional neerlandés llega a la disciplina perica procedente del Burnley con las ideas muy claras, una notable madurez tras superar una severa lesión de rodilla y la máxima ilusión por triunfar en LaLiga.
Tras su paso por el fútbol inglés, el zaguero tenía claro cuál debía ser su siguiente paso profesional. La opción de recalar en el conjunto blanquiazul fue el detonante perfecto para dar el salto al fútbol español. «Cuando supe que existía la posibilidad de venir al Espanyol me hizo muchísima ilusión. La idea de jugar en LaLiga me entusiasmaba y por eso decidí venir.»
Respecto al reto de ocupar el perfil izquierdo y la inevitable sombra que dejó Carlos Romero tras su notable rendimiento el curso pasado, ‘Q’ afronta la situación con naturalidad y absoluta deportividad, evitando cualquier tipo de comparación. «No me molesta que se hable de él. Al final esto es el fútbol: unos jugadores llegan y otros se marchan. Ahora él está en otro sitio y yo estoy aquí. Mi único objetivo es centrarme en lo que viene».
Uno de los aspectos que define al carrilero es su perspectiva de vida, alejada del foco mediático y de las redes sociales. Para Hartman, mantener la estabilidad emocional fuera de los terrenos de juego es la clave para rendir al máximo nivel sobre el césped. «El fútbol es algo que me apasiona, probablemente lo que más me gusta hacer, pero no es la base de mi felicidad. No quiero que mi estado de ánimo dependa de si las cosas van bien o mal en el fútbol. Intento separar ambas cosas».

Esa madurez se vio reforzada tras la grave lesión de rodilla que lo mantuvo apartado de los terrenos de juego durante más de un año cuando atravesaba su mejor momento deportivo, una etapa que le sirvió como aprendizaje vital. «Un día todo el mundo habla de ti como si fueras el mejor jugador del mundo y, dos semanas después, nadie presta atención a lo que haces. Esa fue una lección muy importante para mí. Me hizo valorar muchísimo más el simple hecho de estar sano y poder jugar.»
En sus primeros días de pretemporada en Navata, Hartman ya ha empezado a empaparse de la filosofía del técnico perico. Aunque sigue aprendiendo el idioma junto a su pareja, entiende a la perfección la identidad que Manolo González quiere imprimir al equipo. «Por lo que percibo y veo en él, tiene mucha pasión. Y creo que eso es lo único que espera de mí en este momento: que, si juego, lo dé todo. Que, si entreno, lo dé todo».
Con la mirada puesta en superar los registros de la campaña anterior y seguir creciendo junto al bloque, el internacional neerlandés concluye con un mensaje directo para la hinchada blanquiazul. «Lo que puedo prometerles es que, cada vez que salte al campo, intentaré devolverles todo el apoyo que nos den con toda la energía que tenga. Quiero que, cuando termine cada partido, llegue a casa completamente agotado porque lo he dado absolutamente todo.»





