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Monchi ya vibra como un perico más

El ‘efecto Monchi’ ha aterrizado con una fuerza imparable en el RCDE Stadium. Apenas cuarenta y ocho horas después de que se oficializara el desembarco del de San Fernando en la entidad blanquiazul, el Espanyol ha logrado romper una sequía desesperante. El equipo de Manolo González no conocía la victoria en LaLiga en lo que va de 2026, con un último precedente que se remontaba al 7 de diciembre, pero la llegada del nuevo director general deportivo parece haber cambiado el aura del vestuario de la noche a la mañana.

Los goles de Pere Milla y Kike García permitieron que los tres puntos se quedaran en casa ante un rival de entidad como el Athletic Club. Con este triunfo balsámico, el conjunto perico alcanza los 42 puntos y logra coger aire, situándose tres por encima de las plazas de descenso. La importancia del resultado se reflejó en la actitud de un Monchi que vivió el encuentro con una intensidad volcánica desde el palco privado de Alan Pace, la misma efusividad que ya mostró cuando fue captado en el duelo frente al Real Madrid. Al finalizar el choque, el propietario Alan Pace no dudó en buscar a su flamante fichaje para fundirse en un abrazo que simboliza la esperanza del nuevo proyecto.

Fiel a su estilo y recuperando imágenes que lo hicieron icónico en Nervión, el exportero no se quedó en la zona de autoridades tras el pitido final. Bajó rápidamente al césped para arropar a los futbolistas y mostrar su apoyo público a Manolo González, un técnico que llegaba muy cuestionado a esta cita. La decisión de la dirección de incorporar al gaditano buscaba precisamente este impacto anímico en un tramo final de temporada donde los nervios están a flor de piel, y el primer paso no ha podido ser más satisfactorio.

Pese a la euforia desatada en el RCDE Stadium, la lucha por la permanencia no da tregua. La alegría por el triunfo quedó ligeramente amortiguada por la remontada del Sevilla de Luis García Plaza en Villarreal, lo que obliga a ambos conjuntos a seguir peleando hasta el último aliento. Sin embargo, las sensaciones han cambiado radicalmente. Ver a Manolo González emocionado hasta las lágrimas o a Kike García celebrando su tanto como si de una final europea se tratase demuestra que el grupo era consciente de que se jugaba la vida. El Espanyol ha salvado un ‘match ball’ decisivo y lo ha hecho con Monchi como gran catalizador de una energía renovada que debe conducir a la salvación definitiva.

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