El Espanyol cumple este miércoles, 28 de octubre, 126 años de historia. Una fecha para reivindicar el orgullo perico que, sin embargo, llega en uno de los momentos más delicados de los últimos tiempos: en puestos de descenso, eliminado de la Copa del Rey por el Sestao River y sin entrenador tras el cese de Manolo González, despedido de muy malas formas.
El contraste con el 125 aniversario resulta demoledor. Hace apenas un año, Alan Pace presidía una gala cargada de ilusión y prometía «hablar poco, pero trabajar mucho para situar al Espanyol donde se merece». Doce meses después, aquellas palabras chocan frontalmente con una realidad marcada por los malos resultados, la incertidumbre y el creciente malestar de la afición.
El equipo ha pasado de sumar 18 puntos en las diez primeras jornadas de la pasada temporada a quedarse en ocho en el mismo tramo de este curso. La humillante eliminación copera ante un rival de Segunda RFEF y la destitución de Manolo González, además, han agravado una crisis que va mucho más allá del banquillo. Las formas de despedir al técnico gallego también han dejado una imagen muy preocupante de la gestión del club.
Alan Pace, que llegó rodeado de expectativas, afronta su aniversario al frente de la entidad con su proyecto cada vez más cuestionado. Monchi tampoco escapa a las críticas por la planificación deportiva y por la incapacidad del equipo para ofrecer garantías sobre el terreno de juego.
Pese a todo, el Espanyol sigue en pie gracias a una afición que lleva 126 años demostrando fidelidad y capacidad de resistencia. Pero el sentimiento perico no puede servir de excusa para aceptar la mediocridad ni para vivir permanentemente al borde del precipicio.
Feliz 126 aniversario, Espanyol. La historia de este club merece mucho más que promesas incumplidas, decisiones cuestionables y un presente que vuelve a encender todas las alarmas.





