InicioMULTIMEDIAEl ridículo de un indocumentado ante la supervivencia del Espanyol

El ridículo de un indocumentado ante la supervivencia del Espanyol

Hay personajes que, por mucho que pasen los años, siguen anclados en una visión del fútbol que no va más allá de su propio ombligo. El último ejemplo de este «periodismo» de bufanda y mirada sesgada nos lo regala Iu Forn. El colaborador habitual de los medios públicos catalanes —esos que pagamos todos los ciudadanos— ha decidido asomar la cabeza en las redes sociales para intentar tutelar el sentimiento de la afición del Espanyol con una condescendencia que roza el insulto. «Pobres aficionados del Espanyol…«, empezaba diciendo en un post en X que destila ese aroma tan rancio de quien se cree con superioridad moral para decirnos qué debemos sentir.

La tesis de Forn es tan simple como malintencionada: si el Espanyol gana mañana a las «Fuerzas del Mal» (refiriéndose al Real Madrid), los blanquiazules se salvan, pero hacen campeón al Barça. «¿Qué, eh?», pregunta retóricamente, convencido de haber arrinconado al espanyolismo en una paradoja existencial. Nada más lejos de la realidad. Lo que este indocumentado parece no entender, o prefiere ignorar para seguir lanzando basura contra nuestro club, es que el Espanyol no juega para servir a terceros ni para decidir ligas ajenas. El Espanyol juega para sí mismo, por su historia y, en este momento crítico, por su propia supervivencia en la categoría.

Resulta cómico que un analista que ha frecuentado los platós de TV3 y los micrófonos de Catalunya Ràdio ignore datos tan básicos como la competitividad histórica del conjunto perico. Si se molestara en abrir un libro de estadísticas en lugar de buscar la provocación barata, vería que el Espanyol ha logrado vencer al Real Madrid en muchísimas más ocasiones que al FC Barcelona a lo largo de su historia. Nuestra competitividad contra los blancos no es una anomalía, es una constante de un club que compite sin complejos ante cualquiera, por mucho que el relato oficial intente vendernos como un satélite de la capital.

La realidad para el aficionado perico es meridiana: nos jugamos la vida. Cada punto es oxígeno, cada victoria es un paso hacia la salvación. El hecho de que un triunfo nuestro pueda beneficiar indirectamente al equipo de Iu Forn es algo que nos produce una indiferencia absoluta. Solo alguien profundamente obsesionado con el Camp Nou puede pensar que un perico dudaría entre salvar a su equipo o fastidiar al vecino. El Espanyol saldrá a morder contra el Madrid porque nos va la existencia en ello, no por las cábalas de un periodista que solo entiende el fútbol a través del prisma azulgrana. Menos lecciones de moral y más rigor, Sr. Forn. El Espanyol se debe a su gente, no a sus guiones prefabricados.

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